Tratamiento de la obstrucción del lagrimal con tecnología láser


Tratamiento de la obstrucción del lagrimal con tecnología láser

El sistema lagrimal está formado por una glándula productora de lágrimas y un desagüe de estas lágrimas a través de la vía lagrimal que desemboca en la nariz (Figura 1).

Figura 1. Anatomía de la vía lagrimal

Cuando hay una obstrucción a nivel de este sistema de desagüe se pueden producir 2 problemas: el ojo llora (epífora) o existen infecciones del lagrimal (dacriocistitis) (Figura 2).

Figura 2. Obstrucción nasolagrimal

Ante un exceso en la producción de la lágrima por parte de la glándula lagrimal también se producirá una epífora ya que el desagüe no puede evacuar toda la producción.

Por otra parte, un ojo lloroso no siempre es debido a la patología en el lagrimal. Existen diferentes causas, desde problemas por falta de gafas, hasta un exceso de laxitud en las pestañas o mala posición del margen palpebral pasando por problemas de ojo seco, infecciones o inflamaciones del globo ocular etc.. A menudo coexisten diversas causas. Por tanto es necesario un diagnóstico minucioso de las causas para poder hacer un tratamiento correcto. Cuando la causa de la epífora es una obstrucción de la vía naso-lagrimal el tratamiento es quirúrgico. Actualmente el láser diodo nos permite una cirugía mínimamente invasiva para tratar algunas de estas patologías, obteniendo una reducción significativa de tiempo y traumatismo quirúrgico, así como de las antiestéticas cicatrices en la cara. El láser diodo pasa a través de una pequeña fibra la cual se coloca a través del punto lagrimal y canalículo superior, siguiendo su vía natural hasta encontrar el hueso del lagrimal. (Figura 3).

Figura 3. Osteotomía

Para evitar que la vía lagrimal se vuelva a tapar con la cicatrización natural de los tejidos, se coloca un tubo de silicona que sigue toda la vía y que se suele mantener durante 4-6 meses. A partir de ese momento se retira el tubo. (Figura 4).

Figura 4. Intubación

La cirugía se realiza ambulatoriamente con anestesia local y sedación. El postoperatorio inmediato es poco aparatoso y generalmente se puede incorporar a la actividad normal a las 24-48 horas. Las curas consisten en lavados del ojo y la nariz, antibióticos y antiinflamatorios locales. Además se harán lavados del tubo de silicona a las 4-6 semanas. Las complicaciones son poco frecuentes. Las más habituales son la extrusión del tubo a través de los canalículos o que la cicatrización tape el nuevo orificio creado. Esto ocurre más a menudo en casos de infecciones crónicas de la vía lagrimal.

El porcentaje de reintervenciones oscila entre un 5-15 %.